Naves “espasiales” sobrevolando campos de coles

Cuando Edu nació, yo, que rondaba los 4 meses pero era ya muy despierta, me debía preguntar quien era ese niño de mofletes y deditos regordetes al que veía tan a menudo. A medida que crecía, mientras volábamos en naves “espasiales” por campos de coles, me di cuenta de que aquel niño se había convertido en parte esencial de mi vida. Y seguimos creciendo y empecé a conocerlo cada vez más. Salvo alguna discusión sobre si eran mejores las ciencias o las letras y algun que otro arañazo, nuestra amistad era sencilla.

 

Edu y yo de pequeños

 

Pasamos la adolescencia juntos… y la juventud… Y entonces descubrí lo que me gustaba de Edu. Su sentido del humor, su sonrisa y esa manera tan sencilla de mirar la vida. Y entonces Edu se enamoró. Conoció a Marta en Zaragoza. Desde ese momentos muchas cosas han pasado, entre ellas el hecho de que Edu se haya trasladado a vivir a Madrid. Aun así, nunca hemos perdido el contacto y siempre hemos sabido que pese a la distancia, podemos contar el uno con el otro. Por eso (y por muchos otros motivos) el día que me dijo que se casaba, pensé que la mejor manera de seguir formando parte de su vida, era aportando mi granito de arena a ese momento de felicidad. Y de ahí, surgen estas invitaciones.

 

 

¿Qué cómo llegamos hasta aqui? Creo que Marta y Edu nunca habían jugado tanto rato seguido a hacer volar aviones de papel y probablemente Edu nunca había posado durante tanto rato seguido delante de una cámara. Aun así fue fácil, porque con ellos, todo es fácil. Ríen y se sonríen. Y discuten y se ríen. Y entonces Marta suelta un “Vaaaa Edu” y Edu, incapaz de sonreir con naturalidad ante la cámara, le responde con un “Cómo te gusta que te hagan fotos”. Y Marta sonríe, porque sabe que si algo funciona con Edu es una sonrisa sincera. Y yo, detrás de la cámara, sonrío también.

 

 

Y diseñando diseñando, llegamos a estas invitaciones, que si algo son, es una muestra de cómo los veo yo a través de mi cámara, a través de mis horas de ordenador peleándome con el Photoshop.

 

 

Y que ganas tengo de que llegue el día…